Si vienes por primera vez a mi taller, lo primero que ves es una fachada de piedra. Piedra del Pirineo, sólida y antigua, con un rótulo escrito a mano que dice Cerámica Artesanal Marta Danés. Recuperar la antigua borda que existía fue unos de nuestros deseos, sus fundamentos fuertes (de unos 300 años o más) nos daba confianza en que nuestro proyecto sería fuerte. La fachada robusta me hace recordar con cariño quien la hizo, José y su hijo Martín. Estos recuperaron de la antigua borda, cada piedra, una a una, para hacerme el taller.
De Barcelona al Pirineo: el salto que lo cambió todo
Nací en Arenys de Mar en 1972. Me crie con el Mediterráneo cerca y una inclinación hacia todo lo que se pudiera hacer con las manos. En la Escola Massana de Barcelona estudié pintura primero, cerámica después, y salí de allí en 1994 con dos títulos de técnico superior y una certeza absoluta: quería trabajar con arcilla, y quería hacerlo en un sitio en plena naturaleza.
El silencio, los pájaros, el aire limpio…todo, lo encontré aquí, en Serraduy, un pequeño pueblo del Pirineo oscense, en la Ribagorza. Vine a vivir junto a Baltasar, y juntos construimos el taller. Piedra a piedra, viga a viga, con la ayuda de una subvención europea LEADER que apostó por el desarrollo rural cuando muy poca gente apostaba por nada de eso. Ese año, 1994, fue el año en que el taller nació y en que yo nací también de otra manera.
El taller: donde todo ocurre
La planta baja es el corazón del lugar. Cuatro grandes ventanales que en invierno enmarcan en ocasiones la nieve, los colores del otoño y en verano dejan entrar una luz que hace que todo brille. Aquí están las mesas de trabajo, la laminadora, el torno y, al fondo, los dos hornos. Lo puse todo en esta planta de forma muy consciente: quería que el proceso fuera visible. Que quien viniera pudiera ver cómo se crea, no solo el resultado final. Que el barro no fuera un misterio, sino una invitación.
Y también doy aquí los cursos. Porque para mí enseñar y crear van de la mano desde el primer día. Hay algo muy especial en ver a alguien tocar la arcilla por primera vez: esa mezcla de inexperiencia, concentración y sorpresa. Me recuerda siempre por qué hago lo que hago.
Subiendo las escaleras llegas a la primera planta, que tiene dos partes bien diferenciadas. En la zona de exposición muestro las piezas más artísticas: esculturas, formas que exploran, objetos que preguntan. Y en la tienda, mis colecciones de cerámica cotidiana: platos, boles, fuentes… Piezas hechas para vivir en las manos y en las mesas de la gente.
El entorno: lo que no sale en ningún catálogo
Lo que no puedo fotografiar bien —aunque lo intento— es lo que rodea el taller. El campo que se abre justo detrás, donde de vez en cuando aparecen las ovejas a curiosear. Las vistas hacia Roda de Isábena, que desde aquí parece flotar sobre el paisaje. Y los atardeceres. Los atardeceres de Serraduy son de otro mundo: rojos, violentos, absurdos de bonitos. A veces paro lo que estoy haciendo solo para mirarlos.
Y luego están mis gatas: Milana, Tigri y Sandi, mi gatita naranja y blanca, que ha elegido el taller como su lugar en el mundo y que duerme, invariablemente, encima de la mesa de trabajo. Junto a los pinceles. Encima de lo que estés haciendo. Con una indiferencia que, si te fijas bien, tiene algo de sabiduría.
Treinta años son muchas cocciones
Desde 1994 han pasado muchas cosas en este taller. Exposiciones en Italia, Bélgica, Holanda. Algún premio. Catálogos. Alumnos que llegaron sin saber nada y se fueron con sus propias piezas bajo el brazo. Niños que vinieron en excursión escolar y probablemente ya no recuerdan mi nombre, pero sí el tacto del barro mojado. Adultos que buscaban desconectar y encontraron algo más.
He visto el taller en todas las estaciones y en todos los estados: lleno de gente en los cursos de verano, silencioso en los atardeceres de marzo, con la lluvia cayendo al otro lado de la ventana y la estufa encendida dentro.
Todo eso es lo que este blog quiere contar. No solo técnicas ni materiales —que también—, sino esta vida que se construye alrededor de una mesa de trabajo, un torno, dos hornos y muchas, muchas ganas de crear con las manos y el corazón.
Bienvenid@. Me alegra mucho que estés aquí.













